Cuando una pareja decide divorciarse y existen hijos en común, la separación no termina con la relación de pareja. La relación como padres continúa.
Habrá que seguir tomando decisiones sobre los hijos, organizando horarios, vacaciones, colegio, gastos, salud y muchas otras cuestiones. Y precisamente por eso, la forma en la que se gestiona la separación puede marcar una diferencia importante en la relación familiar posterior.
En este contexto, la mediación puede ayudar a los progenitores a pasar de una situación de conflicto a una nueva organización familiar construida mediante acuerdos.
Separarse no significa dejar de ser padres
Una de las principales dificultades de un divorcio con hijos es separar dos planos diferentes: el final de la relación de pareja y la continuidad de la relación como padres.
Puede que la relación sentimental haya terminado, pero ambos seguirán teniendo una responsabilidad compartida respecto de sus hijos.
La mediación permite trabajar específicamente sobre esta nueva realidad.
El objetivo no es decidir quién tiene razón sobre lo ocurrido durante la relación, sino ayudar a construir acuerdos sobre cómo será la vida familiar a partir de la separación.
¿Qué cuestiones pueden abordarse en mediación?
Cada familia es diferente y los acuerdos dependerán de sus circunstancias.
Entre otras cuestiones, los progenitores pueden trabajar sobre:
- La organización de los tiempos de convivencia con los hijos.
- Horarios y recogidas.
- Vacaciones y periodos festivos.
- Cumpleaños y fechas familiares.
- Organización durante las vacaciones escolares.
- Gastos ordinarios y extraordinarios.
- Decisiones relacionadas con educación y salud.
- Comunicación entre los progenitores.
- Forma de resolver futuras discrepancias.
La ventaja es que estas cuestiones pueden abordarse de forma conjunta y ordenada, en lugar de intentar resolverlas todas en medio de una discusión.
Una de las grandes ventajas: los padres participan en la construcción del acuerdo
En un procedimiento contencioso, la decisión sobre determinadas cuestiones puede terminar siendo adoptada por un tercero.
En la mediación, son los propios progenitores quienes, con la ayuda del mediador, exploran las alternativas y construyen sus acuerdos.
El mediador no decide por ellos.
Tampoco actúa como abogado de uno de los progenitores.
Su función es mantener una posición imparcial y facilitar la comunicación para que puedan abordar las cuestiones que necesitan resolver.
Pensar en los hijos más allá del momento de la separación
Una separación puede generar emociones intensas: tristeza, enfado, miedo, frustración o incertidumbre.
Cuando además existen hijos, es especialmente importante intentar evitar que el conflicto entre los adultos se convierta en el centro de su vida familiar.
La mediación puede ayudar a los progenitores a trabajar sobre una idea fundamental:
La relación de pareja termina, pero la responsabilidad de ser padres continúa.
Esto no significa que los padres tengan que estar de acuerdo en todo.
Significa que pueden intentar establecer unas reglas que permitan que sus hijos tengan una relación adecuada con ambos y que las decisiones importantes puedan gestionarse de una manera organizada.
¿Y si ahora mismo no conseguimos hablar sin discutir?
Precisamente ahí puede tener sentido la intervención de un mediador.
La mediación proporciona un espacio estructurado en el que cada parte puede explicar su posición y escuchar la del otro, con la intervención de un tercero neutral.
No es necesario llegar a la primera sesión con las soluciones preparadas.
Parte del trabajo consiste precisamente en identificar qué está generando el conflicto y qué cuestiones necesitan una solución.
¿Es necesario estar de acuerdo en todo para iniciar una mediación?
No.
Los progenitores pueden tener posiciones muy diferentes sobre la custodia, los horarios, las vacaciones o los gastos.
Lo importante es que exista voluntad de participar en el proceso y de explorar la posibilidad de alcanzar acuerdos.
Y si finalmente no se alcanza un acuerdo sobre alguna cuestión, eso no significa que la mediación haya sido inútil. En ocasiones, haber conseguido ordenar el conflicto y delimitar los puntos de desacuerdo también permite afrontar mejor los siguientes pasos.
La mediación no busca que uno gane y otro pierda
Una separación con hijos no debería plantearse necesariamente como una competición.
No se trata de determinar quién ha sido mejor pareja o quién tiene más razón.
Se trata de responder a una pregunta diferente:
¿Cómo podemos organizar nuestra nueva vida familiar de la forma más adecuada posible?
Ese cambio de enfoque puede ser especialmente importante cuando los hijos van a seguir vinculados a ambos progenitores durante muchos años.
Una nueva etapa también puede construirse desde el acuerdo
La separación supone el final de una etapa, pero cuando existen hijos también supone el comienzo de otra forma de organización familiar.
La mediación puede ofrecer a los progenitores un espacio para hablar de esa nueva etapa, ordenar sus diferencias y tratar de alcanzar acuerdos que puedan funcionar en su realidad cotidiana.
Porque separarse no significa dejar de ser una familia.
Significa aprender a organizarla de otra manera.
¿Estáis pensando en separaros y tenéis hijos en común?
En Mediación & Familia os ayudamos a abordar las cuestiones que necesitáis resolver y a explorar si la mediación puede ser adecuada para vuestra situación.